Un barco se hunde; los sueños de las personas que viajan en él, también. Simplemente terminan y no tienen que preocuparse por sus objetivos. Sus ambiciones. Sus tristezas.Que pena que mi barco no se hunda. Así a lo mejor, me olvidaba de él. Pero sigue flotando. Con la vela rota y varios agujeros en el casco. Pero resiste. No tengo nada claro si es bueno o malo. El caso es que sigue ahí.
A veces pienso que sería bueno que el barco se hundiera de una vez. Alguna vez he intentado auto-hundirme para dejar de sufrir. Sería bueno, en el sentido de dejar de aguantar tanta mierda, dejar de sufrir por su culpa, dejar de preocuparme por mi misma.
Pero luego me doy cuenta de que también dejaría de disfrutar de los diarios placeres que me suele dar la vida. Son pocos, pero... gratificantes.
El caso es que, aquí sigo; aguantando como puedo este frágil velero. Dependo del viento de la vida. Tan pronto me puedo ir contra unos escollos; como flotar tranquilamente, con el vaivén de la marea baja de verano.
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